Tres

Esta es una de tantas. Sin duda, los amores veraniegos, son los peores de todos.
Todo empezó sin querer, sin apenas darme cuenta. Era junio del 2010 y un grupo de amigos y yo quedábamos todos los días para jugar a baloncesto en las canchas que hay debajo de mi casa. Me encantaba. Me encantaba pasarme las tardes allí, con gente que de verdad me caía bien y con la que de verdad me sentía a gusto. Así pasaron casi los 3 meses de vacaciones.


Todo iba bien hasta que mi hermana me preguntó por mi grupo. Me dijo que si había en
él alguien que me gustaba. Yo le dije que no. Y en ese momento, fue lo que pensé. Pero
aquella pregunta me dio mucho que pensar. Me pasé toda la noche pensando en eso. El
verano se estaba acabando, y sé que les echaría de menos, porque allí había gente de todas las edades y tipos, entre ellos, él. Era más mayor que yo, y yo siempre estuve acomplejada por mi edad. Supongo que fue por eso que nunca me planteé quererle algo más que como amigo. Pero me equivocaba. Intentaba engañarme a mi misma diciéndome que no, que no valdría la pena sentir algo por él. Pero es de esas cosas que no se pueden evitar, y me fallé la promesa. 
Era casi septiembre cuando empezábamos a quedar los dos solos para jugar a baloncesto. Yo estaba segura de que no le gustaba, pero “¿Y si…?” Esa pregunta que te hace plantearte la duda existencial. No pasó nada, llegó la época de volver a la asquerosa rutina y decidí olvidarme de él. Pero para mi sorpresa… casualmente se trasladó de su instituto al mío, y le veía todos los días. Por los pasillos, entre clase y clase… por todas partes. Yo intentaba ignorarle. Y de hecho, lo conseguí. Todo iba bien hasta que, dos años después, llegaron las fiestas de mi ciudad. Una noche salí con mi grupo de amigos, el cual le invitó a él que se viniera de fiesta con nosotros. Todo mi esfuerzo anterior se vio destruido en cuestión de segundos. Me empezó a hablar diciéndome que echaba de menos verme y jugar al baloncesto como en aquel entonces, que no sabía porque nos habíamos distanciado tanto. Yo no supe que decirle, tampoco me importó mucho. Esas fiestas deshicieron todo mi esfuerzo por olvidarle.

Volvimos al instituto, con ilusiones renovadas al haberme reencontrado con él… y fue entonces cuando decidí borrarle por completo de mi mente. Estaba saliendo con una de mis amigas que se llamaba exactamente igual que yo, pero claro, ella era un año más mayor, cómo no.

No necesitaba saber nada más como para darme cuenta de que todo aquello era un absurdo, y que ya nada merecía la pena. Ahora le sigo viendo todos los días y me encuentro con él por todas partes. Pero ya no me importa. ¿Sabes por qué? Porque fue ahí donde empezaron las cadenas de decepciones. Fin.

3 comentarios :

Anónimo dijo...

también fue culpa tuya por no intentarlo, si hubieras perdido hubieras sabido que por lo menos supiste que el no te queria como algo mas, pero como pone en tu historia "¿Y si.. él te quería pero al ver que dejaste de hablarle, de quedar con el para jugar, de hablar con el decidió dar todo por perdido y no hacer nada?" a partir de esas fiestas pudiste haber echo algo. Ser un año mas mayor no tiene mucha importancia, yo sali con un chico un año mas mayor durante casi 7 meses, los 7 meses mas bonitos de mi vida y mas tragicos.

Anónimo dijo...

Cabe la.posibilidad de que pensar de que tú también le gustes o le hayas gustado ya que sí te decía que te extrañaba y todo eso... por qué no vuelves a usar el ¿y sí..?.

Campanilla dijo...

Llevas mucha razón, los amores de verano son los peores, pero a la vez los más bonitos. Esta historia ya la has superado, pero no te acomplejes por tu edad, si te saca 3 años más o menos, tampoco es tanto.