Cuatro


A veces pienso que le llamé la atención por mi personalidad. Qué narices, seguro que fue por eso. El caso es que éramos dos desconocidos hablando a las tantas de la mañana una noche veraniega por un desconcertante destino. O llamarlo menciones de twitter. Como prefiráis. Le llamé la atención y me eligió a mí para contarme, sin conocerme de nada, cómo se encontraba. Y yo, interesándome por él, quedándome despierta sólo para ayudarle, intenté sacarle una sonrisa o animarle con mi habitual optimismo.


Le encontré un chico interesante. Me atraía, para qué mentirnos. Recuerdo cuando quedamos la primera vez. Estaba nerviosa. Fuimos a ver una película que... Realmente su temática no era mi pasión, pero era por acompañarle, estaba ilusionado porque le recordaba a su peli favorita. Una de las peores películas que he visto en mi vida. Él opinó lo mismo y me pidió perdón por la elección. Fue una buena tarde. Recuerdo decirle ‘¿por qué no me miras?’ y él contestarme ‘me pones nervioso’. Pero es que a mí me encantaba cómo me miraba (las pocas veces que lo hacía). En mi vida me han mirado así.

Comenzaron los mensajes de ‘buenos días’ por la mañana. Me hacía sonreír. Y suspiro recordándolo, vaya. Las conversaciones diarias empezaron a volverse un poco extrañas. Era como si él quisiera decirme algo pero sin llegar a hacerlo y a mí me desconcertaba.  Nos contamos cosas privadas. Más bien una. Le confiamos al otro esa canción que no puedes escuchar por tal dolor que sientes en tu interior. Ay, los recuerdos, que malignos son a veces. 

¡Pero había un “problema”! Yo tenía un amigo, bueno, un amigo especial. Teníamos cierta conexión pero... En fin, no vivía exactamente en mi ciudad, así que sólo podíamos ser amigos. Pero entended que había cierto sentimiento mayor que el que tenía por el que sí vivía cerca de mí. 

¿Sabéis qué? Yo soy una chica sincera así que decidí que debía saberlo, sino, sería injusto. La segunda vez que quedamos se lo conté. No imagináis cómo me temblaba el cuerpo. Intentaba calmarme enredando con una botella de agua que había comprado poco antes. Le estaba sacando de quicio. Se lo tomó mejor de lo que esperaba, no pudo ser más maduro, pero por dentro estaba destrozado. Me sorprendió. Me estuvo preguntando y me dijo que bueno, que seguiríamos quedando y a ver cómo se desarrollaban las cosas. Porque a ver, yo le interesaba y él me interesaba a mí. (Desgraciadamente, lo que él sentía por mí era mayor que lo que yo sentía por él. Esas cosas pasan. Y son una mierda.)

Y mi momento favorito con él llegó poco después. Estábamos esperando a que el semáforo se pusiera en verde para cruzar. Yo no le hablaba, estaba ‘enfadada’ con él por no sé qué tontería. Y vino un poco de viento que trasteó con mi cabello, colocándomelo en el rostro. Y él, de la forma más dulce que os podáis imaginar, me retiró el pelo hacia atrás para que viera bien. Me encantó.

Pocos días después, supongo que se derrumbó y me preguntó (casi afirmando) si él no tenía ninguna posibilidad conmigo. ¿Pero qué iba a decirle yo? ¿Que sí y crearle ilusiones? ¿Que no y rompérselas? ‘No sé, no sé, no sé, no sé’. Joder, no tenía ni put* idea de qué contestar. Aunque yo tenía clara la respuesta.

Y la sigo teniendo a día de hoy. Él muy idiota no se dio cuenta de que podía tenerme a milímetros de él mientras que el otro chico “sólo” me podía tener a kilómetros. 

Me hizo desaparecer. Yo me enfadé. Y mucho. Le entendía, pero se fue sin despedirse. Me había borrado de su vida sin avisarme. Le mandé un mensaje que nunca contestó. ¿Os imagináis quién me animaba? Ese amigo especial. El cual no entendía cómo podía haberme dejado pasar. Él no se iba a entrometer, joder, es más, deseaba que fuera bien todo porque quería lo mejor para mí. Pero bueno. Yo lo asumí. Y dejé de echar(le) de menos ese intenso mes. 

De vez en cuando, aún, aparece en mi mente.

Ay, el destino fue muy puñetero cuando, estando en la ciudad de mi amigo especial, paseando por la playa, se escuchaba ESA cancion. Recuerdo cagarme en todo lo cagable. Con perdón.

También recuerdo que hicimos una lista de películas que ver juntos. La encabezaba su pelicula favorita y ‘Amélie’. Tengo la primera película aquí al lado, para verla. Nunca pensé que la vería sola.
Y aquí se despide mi historia. Con un abrazo a toda prisa en las escaleras mecánicas porque llegaba mi metro y yo tenía que irme. Esa estación siempre llevará tu nombre. Fin.

2 comentarios :

Nok dijo...

Precioso ^^ Me hace muy feliz que haya personas que sepan apreciar el cariño y amor de verdad... Tómate la experiencia como una clase, y saca lo mejor de ello. Un beso!

Anónimo dijo...

Preciosa historia, aunque me da pena que aquel chico se fuese así, de la manera que lo describes tiene pinta de ser muy dulce pero yo creo que te quería demasiado como para despedirse por última vez e irse sin decir nada era mucho más fácil. Por cierto, me gusta mucho como te expresas, me recuerdas a una persona que aprecio mucho. Un besito.