A veces pienso que le llamé la atención por mi personalidad. Qué narices, seguro que fue por eso. El caso es que éramos dos desconocidos hablando a las tantas de la mañana una noche veraniega por un desconcertante destino. O llamarlo menciones de twitter. Como prefiráis. Le llamé la atención y me eligió a mí para contarme, sin conocerme de nada, cómo se encontraba. Y yo, interesándome por él, quedándome despierta sólo para ayudarle, intenté sacarle una sonrisa o animarle con mi habitual optimismo.
Le encontré un chico
interesante. Me atraía, para qué mentirnos. Recuerdo cuando quedamos la primera
vez. Estaba nerviosa. Fuimos a ver una película que... Realmente su temática no
era mi pasión, pero era por acompañarle, estaba ilusionado porque le recordaba
a su peli favorita. Una de las peores películas que he visto en mi vida. Él
opinó lo mismo y me pidió perdón por la elección. Fue una buena tarde. Recuerdo
decirle ‘¿por qué no me miras?’ y él contestarme ‘me pones nervioso’. Pero es
que a mí me encantaba cómo me miraba (las pocas veces que lo hacía). En mi vida
me han mirado así.
Comenzaron los mensajes de
‘buenos días’ por la mañana. Me hacía sonreír. Y suspiro recordándolo, vaya.
Las conversaciones diarias empezaron a volverse un poco extrañas. Era como si
él quisiera decirme algo pero sin llegar a hacerlo y a mí me
desconcertaba. Nos contamos cosas privadas. Más bien una. Le confiamos al
otro esa canción que no puedes escuchar por tal dolor que sientes en tu
interior. Ay, los recuerdos, que malignos son a veces.
¡Pero había un “problema”! Yo
tenía un amigo, bueno, un amigo especial. Teníamos cierta conexión pero... En
fin, no vivía exactamente en mi ciudad, así que sólo podíamos ser amigos. Pero
entended que había cierto sentimiento mayor que el que tenía por el
que sí vivía cerca de mí.
¿Sabéis qué? Yo soy una chica
sincera así que decidí que debía saberlo, sino, sería injusto. La segunda vez
que quedamos se lo conté. No imagináis cómo me temblaba el cuerpo. Intentaba
calmarme enredando con una botella de agua que había comprado poco antes. Le
estaba sacando de quicio. Se lo tomó mejor de lo que esperaba, no pudo ser más
maduro, pero por dentro estaba destrozado. Me sorprendió. Me estuvo preguntando
y me dijo que bueno, que seguiríamos quedando y a ver cómo se desarrollaban las
cosas. Porque a ver, yo le interesaba y él me interesaba a mí.
(Desgraciadamente, lo que él sentía por mí era mayor que lo que yo sentía por
él. Esas cosas pasan. Y son una mierda.)
Y mi momento favorito con él
llegó poco después. Estábamos esperando a que el semáforo se pusiera en verde
para cruzar. Yo no le hablaba, estaba ‘enfadada’ con él por no sé qué tontería.
Y vino un poco de viento que trasteó con mi cabello, colocándomelo en el
rostro. Y él, de la forma más dulce que os podáis imaginar, me retiró el pelo
hacia atrás para que viera bien. Me encantó.
Pocos días después, supongo
que se derrumbó y me preguntó (casi afirmando) si él no tenía ninguna
posibilidad conmigo. ¿Pero qué iba a decirle yo? ¿Que sí y crearle ilusiones?
¿Que no y rompérselas? ‘No sé, no sé, no sé, no sé’. Joder, no tenía ni put*
idea de qué contestar. Aunque yo tenía clara la respuesta.
Y la sigo teniendo a día de
hoy. Él muy idiota no se dio cuenta de que podía tenerme a milímetros de él
mientras que el otro chico “sólo” me podía tener a kilómetros.
Me hizo desaparecer. Yo me
enfadé. Y mucho. Le entendía, pero se fue sin despedirse. Me había borrado de
su vida sin avisarme. Le mandé un mensaje que nunca contestó. ¿Os imagináis
quién me animaba? Ese amigo especial. El cual no entendía cómo podía haberme
dejado pasar. Él no se iba a entrometer, joder, es más, deseaba que fuera bien
todo porque quería lo mejor para mí. Pero bueno. Yo lo asumí. Y dejé de
echar(le) de menos ese intenso mes.
De vez en cuando,
aún, aparece en mi mente.
Ay, el destino fue muy
puñetero cuando, estando en la ciudad de mi amigo especial, paseando por la
playa, se escuchaba ESA cancion. Recuerdo cagarme en todo lo cagable. Con
perdón.
También recuerdo que hicimos
una lista de películas que ver juntos. La encabezaba su pelicula favorita y
‘Amélie’. Tengo la primera película aquí al lado, para verla. Nunca pensé que
la vería sola.
Y aquí se despide mi historia. Con un abrazo a toda prisa en las
escaleras mecánicas porque llegaba mi metro y yo tenía que irme. Esa estación
siempre llevará tu nombre. Fin.
2 comentarios :
Precioso ^^ Me hace muy feliz que haya personas que sepan apreciar el cariño y amor de verdad... Tómate la experiencia como una clase, y saca lo mejor de ello. Un beso!
Preciosa historia, aunque me da pena que aquel chico se fuese así, de la manera que lo describes tiene pinta de ser muy dulce pero yo creo que te quería demasiado como para despedirse por última vez e irse sin decir nada era mucho más fácil. Por cierto, me gusta mucho como te expresas, me recuerdas a una persona que aprecio mucho. Un besito.
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