Cinco



Cuando conoces a tu musa... ¿te das cuenta al momento o es algo de lo que tomas conciencia un día de forma inesperada?
Repetí curso. Y ella estaba en mi clase. ¿Sabes ese momento en el que miras a una persona y ves más allá? ¿Que parece que atraviesas sus ojos y te adentras en ella... sin ver nada? ¿Sin llevarte nada de ella? ¿Sin realmente conocerla nada? Pero la admiras. En secreto.



Igual es una quisquillosa, quizá sea una falsa. Igual es la persona más inepta que vayas a conocer nunca. Pero la admiras. La observas, como si fueses un acosador. Memorizas todos sus movimientos: cómo se gira para hablar con la compañera de detrás, cómo se quita el flequillo de la cara, como cruza las piernas de manera extraña pero absurdamente adorable.
Yo la quise antes de conocerla. Y la perdí, sin apenas conocerla.

Ella se enamoró de un amigo. Tuvieron un capítulo que se reitera en el tiempo. Y esta fue la excusa que encontró el destino para que pusiera pensamientos a la cara que llevaba meses admirando. Pero después del curso ya no volví a saber de ella.
No le di la importancia que merecía entonces.
Hasta hace un año.

Fue todo un poco catastrófico. Volvió de la mano de nuevos sentimientos encontrados, casi de golpe y porrazo. A veces la odiaba, por hablarse con todo el mundo menos conmigo. Por ignorarme cuando yo seguía bebiendo los vientos por ella.

Me replanteé muchas cosas en aquellos altibajos. Sobre todo, si la quería como algo más que una amiga aun sabiendo que, si la respuesta era afirmativa, no iba a cambiar nada. Éramos amigas. A veces ni eso.

Y hasta hace menos de un mes no lo supe: toda esa admiración, el pensar que todo en su vida era especial, incluso el simple hecho de quitarse el flequillo de la cara... me inspiraba. Quería dibujar por ella, quería escribir por ella y sobre todo: quería comprender la música por ella.
Sin ella en mi vida quizá ahora no sería la persona que soy, de la que a veces me siento orgullosa y otras veces, decepcionada.

Seguimos viéndonos. Cuando ella quiere, claro. Esto funciona así. Siempre lo ha hecho.

P.D.: Siento hablar de ella de esta forma. No sé. Nunca aprendí a no idealizarla.

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