Diecisiete


Hará cosa de más de dos años, conocí a un chico por Internet. Era una época en la que yo me sentía bastante sola, apenas salía de casa y nadie parecía interesarse por mí. Así pues, el hecho de que alguien me prestase aunque fuese la más mínima atención, era algo que a mí me hacía tremendamente feliz.
Hablábamos cada día, o casi cada día, y con el tiempo nos dijimos el primer 'Te quiero', confesamos esas ganas de estar el uno con el otro y ese deseo (que yo creía mutuo) de vernos algún día y ser felices juntos. En pocas palabras, me enamoré. Me enamoré de aquel que me escuchaba cuando estaba mal y me ofrecía palabras de consuelo, de aquel que estaba ahí para mí siempre que lo necesitaba y que nunca me dejaba sola. Y ese fue el mayor error que pude cometer.

No quería ver el resto. No quería ver que yo no era la única a la que le decía todas esas cosas bonitas que a mí me escribía, y que lo que él sentía (si es que en algún momento llegó a sentir algo) no era ni un cuarto de lo que podía estar sintiendo yo. Nunca me enseñó una foto suya, ni me dijo su nombre completo. Tampoco me ofreció su número de teléfono para poder hablar en esos días que por una cosa u otra no podíamos hacerlo a través del pc, y supongo que incluso llegué a dudar de si era quien me decía.

Con todo eso, aun así, yo seguía hablando con él, y seguía diciéndole cada día lo mucho que le quería, ignorando las dudas y a las demás chicas y todos esos comentarios que le dejaban en las redes sociales y que él respondía con el mismo tono de coqueteo. Hice nuevas amistades. Amistades que siempre habían estado ahí pero que hasta ese momento nunca habían sido tan cercanas. Empecé a ser feliz en mi entorno, con los que me rodeaban, disfrutaba de todo aquello que me había perdido en esos años de soledad, pero nunca le dejé de lado. Significaba mucho para mí, a pesar de todo.

Y aquí es cuando yo meto la pata. Ahora que me relacionaba con más gente, conocí a otro chico, esta vez en persona. Y el primer día, nos dimos nuestro primer beso. Yo me sentía culpable, porque no dejaba de pensar en aquel que había estado siempre conmigo, pero a quien nunca había visto, así que decidí dejarlo ahí. No le conté nada de lo sucedido con ese nuevo "amigo", y todo pareció seguir igual. Aun así, desde aquel día, nada volvió a ser igual.

Pasaron los meses, y aunque yo seguía hablando con este chico, empecé una relación con este nuevo, como ya he dicho, "amigo". Así pues, se podría decir que estaba al mismo tiempo con los dos. El primero era el que había estado siempre conmigo cuando más sola me había sentido, pero el segundo quería darme y me daba todo lo que nunca nadie me había dado, ni siquiera el primero.

Tuve peleas con el chico de Internet, por ciertas cosas publicadas en mi Twitter, vídeos míos en YouTube y, finalmente, porque se terminó enterando de esa nueva relación. Decidió cortar todo contacto conmigo, y desde entonces no he vuelto a saber nada de él. Mi chico, el de ese primer beso y el que supo en todo momento que había otro aparte de él, siguió conmigo a pesar de saber que durante todo ese tiempo nunca fue el primero. Con los meses, lo que sentía por él fue creciendo y, aunque tuvimos muchos problemas por mi pasado, por esta historia y muchas veces hemos estado a punto de dejarlo, porque le engañé y jugué con él, a día de hoy seguimos juntos y puedo decir con total seguridad que es el amor de mi vida.

Puede que se me hayan escapado algunos detalles, detalles que no me dejan precisamente en buen lugar. Lo hice realmente mal, y si hay alguien culpable, o que tenga el papel de malo en esta historia, lo más seguro es que sea yo, pero lo que me gustaría deciros al contaros todo esto, es que ante todo hay que ser transparentes. Si yo le hubiera contado al chico de Internet lo del beso, tal vez me habría ahorrado todo lo que vino después. Se podría decir que fue la primera mentira de otras muchas que vendrían más tarde. No fui sincera, ni con ellos ni conmigo misma. No quería ver que lo que tenía con ese chico no iba a ningún sitio, y tampoco quería darme cuenta de que había aparecido alguien que realmente se interesaba por mí.

A partir de mis errores, he aprendido que con la inseguridad, el miedo y las mentiras, sobre todo con las mentiras, no se llega a ningún sitio. Que hay que saber desprenderse de aquello que ya no te aporta nada bueno. Que hay que amar a quien está dispuesto a amarte, sin secretos ni medias tintas y que, si encuentras a alguien que siga contigo a pesar de todos los errores que puedas haber cometido, no lo dejes escapar nunca, jamás.

Sed sinceros, siempre, ya que la verdad duele al principio, pero la mentira duele siempre.

No hay comentarios :