Hará cosa de más de dos años, conocí a un chico por
Internet. Era una época en la que yo me sentía bastante sola, apenas
salía de casa y nadie parecía interesarse por mí. Así pues, el hecho de
que alguien me prestase aunque fuese la más mínima atención, era algo
que a mí me hacía tremendamente feliz.
Hablábamos
cada día, o casi cada día, y con el tiempo nos dijimos el primer 'Te
quiero', confesamos esas ganas de estar el uno con el otro y ese deseo
(que yo creía mutuo) de vernos algún día y ser felices juntos. En pocas
palabras, me enamoré. Me enamoré de aquel que me escuchaba cuando estaba
mal y me ofrecía palabras de consuelo, de aquel que estaba ahí para mí
siempre que lo necesitaba y que nunca me dejaba sola. Y ese fue el mayor
error que pude cometer.
No quería ver el
resto. No quería ver que yo no era la única a la que le decía todas esas
cosas bonitas que a mí me escribía, y que lo que él sentía (si es que
en algún momento llegó a sentir algo) no era ni un cuarto de lo que
podía estar sintiendo yo. Nunca me enseñó una foto suya, ni me dijo su
nombre completo. Tampoco me ofreció su número de teléfono para poder
hablar en esos días que por una cosa u otra no podíamos hacerlo a través
del pc, y supongo que incluso llegué a dudar de si era quien me decía.
Con
todo eso, aun así, yo seguía hablando con él, y seguía diciéndole cada
día lo mucho que le quería, ignorando las dudas y a las demás chicas y
todos esos comentarios que le dejaban en las redes sociales y que él
respondía con el mismo tono de coqueteo. Hice nuevas amistades.
Amistades que siempre habían estado ahí pero que hasta ese momento nunca
habían sido tan cercanas. Empecé a ser feliz en mi entorno, con los que
me rodeaban, disfrutaba de todo aquello que me había perdido en esos
años de soledad, pero nunca le dejé de lado. Significaba mucho para mí, a
pesar de todo.
Y aquí es cuando yo meto la
pata. Ahora que me relacionaba con más gente, conocí a otro chico, esta
vez en persona. Y el primer día, nos dimos nuestro primer beso. Yo me
sentía culpable, porque no dejaba de pensar en aquel que había estado
siempre conmigo, pero a quien nunca había visto, así que decidí dejarlo
ahí. No le conté nada de lo sucedido con ese nuevo "amigo", y todo
pareció seguir igual. Aun así, desde aquel día, nada volvió a ser igual.
Pasaron
los meses, y aunque yo seguía hablando con este chico, empecé una
relación con este nuevo, como ya he dicho, "amigo". Así pues, se podría
decir que estaba al mismo tiempo con los dos. El primero era el que
había estado siempre conmigo cuando más sola me había sentido, pero el
segundo quería darme y me daba todo lo que nunca nadie me había dado, ni
siquiera el primero.
Tuve peleas con el chico
de Internet, por ciertas cosas publicadas en mi Twitter, vídeos míos en
YouTube y, finalmente, porque se terminó enterando de esa nueva
relación. Decidió cortar todo contacto conmigo, y desde entonces no he
vuelto a saber nada de él. Mi chico, el de ese primer beso y el que supo
en todo momento que había otro aparte de él, siguió conmigo a pesar de
saber que durante todo ese tiempo nunca fue el primero. Con los meses,
lo que sentía por él fue creciendo y, aunque tuvimos muchos problemas
por mi pasado, por esta historia y muchas veces hemos estado a punto de
dejarlo, porque le engañé y jugué con él, a día de hoy seguimos juntos y
puedo decir con total seguridad que es el amor de mi vida.
Puede
que se me hayan escapado algunos detalles, detalles que no me dejan
precisamente en buen lugar. Lo hice realmente mal, y si hay alguien
culpable, o que tenga el papel de malo en esta historia, lo más seguro
es que sea yo, pero lo que me gustaría deciros al contaros todo esto, es
que ante todo hay que ser transparentes. Si yo le hubiera contado al
chico de Internet lo del beso, tal vez me habría ahorrado todo lo que
vino después. Se podría decir que fue la primera mentira de otras muchas
que vendrían más tarde. No fui sincera, ni con ellos ni conmigo misma.
No quería ver que lo que tenía con ese chico no iba a ningún sitio, y
tampoco quería darme cuenta de que había aparecido alguien que realmente
se interesaba por mí.
A partir de mis errores,
he aprendido que con la inseguridad, el miedo y las mentiras, sobre
todo con las mentiras, no se llega a ningún sitio. Que hay que saber
desprenderse de aquello que ya no te aporta nada bueno. Que hay que amar
a quien está dispuesto a amarte, sin secretos ni medias tintas y que,
si encuentras a alguien que siga contigo a pesar de todos los errores
que puedas haber cometido, no lo dejes escapar nunca, jamás.
Sed sinceros, siempre, ya que la verdad duele al principio, pero la mentira duele siempre.
No hay comentarios :
Publicar un comentario